VICENTE
PARRA ROLDÁN
Hace cuarenta años, la empresa
que regía el coso Monumental, la empresa Litri-Chamaco-Balañá, programó una
amplia y variada cartelería para el ciclo colombino, con cinco corridas de
toros, una novillada picada, una novillada con un cartel eminentemente femenino
y el habitual espectáculo cómico-taurino.
Se abrió el serial con una
corrida de Eloy Jiménez Prieto, que resultó mansa, sosa y sin repetir las
embestidas. El quinto fue un sobrero de Litri que tardeaba en embestir. Curro
Romero, de verde y oro, fue abroncado estrepitosamente al terminar con cada uno
de su lote; José María Manzanares padre, de grana y oro, faena valiente a un
manso peligroso pero falló con la espada, siendo aplaudido mientras que, en el
sobrero, no encontró la forma de centrarse con él y estuvo desconfiado, por lo
que fue pitado; y Currillo, de grosella y oro, estuvo bullidor con el capote y
estuvo mal matando pero puso de manifiesto voluntad por lo que escuchó algunas
palmas.







