lunes, 18 de enero de 2016

Morante revienta La México.

¿Qué Morante es único?, Lo es, ¿Qué Morante es pausado?, Lo es. ¿Qué Morante es Morante? Lo es.

Y tuvo que llegar el cuarto de la tarde, "Debutante", para que todos se pusieran de acuerdo, con la torería, la enjundia y la esencia de un torero, que es diferente, majestuoso, singular y con enorme carisma.

Y es que cuando el diestro de la Puebla abre el tarro de las mieles, nada es igual a lo antes presenciado.

Una faena medida desde el tercio de capote, meciendo cadencioso la tela en la embestida suave del de Teófilo Gómez, un burel al que le faltó raza y le sobró nobleza. Tuvo faena larga que fue a menos y acabo rajado, pero nada de eso le impidió a Morante de la Puebla, disfrutar y hacer lo propio para el respetable, pues cuando uno torea para uno mismo, el sentir llega a lo más hondo de las gradas.

Naturales hondos, sentidos, enjuiciados y mecidos en la grácil mano del sevillano, fueron jaleados con rotundos oles desde las gradas del embudo, que pusieron en pie sus almas para hacer sentir al de la Puebla que lo sucedido en el albero llegaba más allá del final de las gradas.  

Su figura erguida, su compás abierto y sus tandas en redondo medidas, dulcificadas y rematadas con sutiles pases del desprecio de enorme pellizco que llegan al más hondo del sentimiento. Nos dejó detalles y destellos que guardaremos en la memoria del tiempo con un pase de pecho de cartel.


Las palabras son insuficientes para describir lo vivido, pero el sentir de lo visto permanecerá eterno en la memoria del aficionado.

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